El Eco de las Mareas Muertas: Capítulo 2: Los Susurros del Puerto

La taberna 'El Abismo Marino' olía a cerveza rancia y redes de pesca secándose. Valeria se sentó en un rincón, su cuaderno abierto frente a una cerveza intacta. Los murmullos cesaron cuando entró, y las miradas de los pescadores la seguían con desconfianza palpable.

'No debería preguntar sobre eso', dijo el cantinero al limpiar un vaso con un trapo sucio. 'Cosas del mar. Mejor dejarlas en el mar'.

'Es la tercera persona en una semana', insistió Valeria, sus dedos tamborileando sobre la mesa de madera astillada. 'Todos encontrados durante la marea baja. Todos con esos... patrones extraños en la piel'.

Una anciana se acercó silenciosamente, moviéndose con una gracia antinatural. Su piel tenía la textura del cuero viejo y sus ojos eran de un azul tan pálido que casi parecían blancos.

'Usted busca respuestas donde solo hay ecos', dijo la anciana, su voz un susurro áspero. 'El mar no da, solo toma. Y cada cincuenta años, reclama su deuda'.

Valeria sintió un escalofrío recorrer su espina dorsal. '¿Qué deuda?'

'La deuda de la sangre', respondió la mujer, sus dedos anormalmente largos trazando círculos en la mesa. 'Sus abuelos lo sabían. Sus bisabuelos lo pactaron. Y ahora la marea vuelve por lo que le pertenece'.

Esa noche, Valeria soñó con criaturas pálidas que se arrastraban desde el mar, sus cuerpos compuestos de conchas rotas y algas, sus voces el sonido de las olas rompiendo contra acantilados. Soñó que caminaba hacia ellas, sintiendo el frío abrazo del agua profunda.

Despertó con la boca llena de sabor a sal y arena entre los dientes.