El Último Oasis de la Risa: Capítulo 3: La Rebelión de los Suspiros Ahogados
Alberto descubrió que Pepe tenía un talento oculto: podía imitar perfectamente el sonido de un globo desinflándose. '¡Es maravilloso!' exclamó Alberto. 'Es lo más triste que he escuchado en mi vida', corrigió Pepe. Juntos comenzaron a organizar reuniones secretas en el antiguo granero. Primero llegaron tres valientes, luego siete, hasta que media población escuchaba a escondidas las historias absurdas de Alberto. 'Y entonces el camello preguntó: ¿tienen arena sin gluten?' contaba Alberto, y alguien en el fondo soltó un ruido que sonó sospechosamente parecido a una risa ahogada. Doña Gertrudis, sintiendo que su autoridad se resquebrajaba como yeso viejo, decretó el 'Toque de Tristeza': nadie podría salir después del anochecer. Pero esa misma noche, Alberto y Pepe desplegaron su arma secreta: cometas con caras sonrientes que volaban sobre el pueblo, sus colas de colores danzando como pinceles sobre el lienzo oscuro del cielo desértico.