El Oasis de los Sueños Perdidos: Capítulo 4: La Tormenta de Sueños
Una tormenta de arena se acercaba, pero esta era diferente: brillaba con todos los colores del arcoíris. '¡Los sueños se han liberado!' gritó Sal. La arena comenzó a elevarse, formando esculturas de los sueños de todas las personas que habían visitado el puesto. Federico intentó huir, pero se encontró rodeado por sus propios sueños olvidados: el niño que quería ser veterinario, el adolescente que amaba la poesía. 'Lo siento' murmuró, mientras las lágrimas limpiaban el polvo de su rostro. Sal tomó su mano. 'Los sueños no se controlan, se comparten'. Juntos, Sal, Federico y Doña Remedios guiaron a la tormenta de sueños hacia la carretera, donde formó un espectáculo de luces que todos los viajeros podían ver gratis. Al amanecer, el desierto había cambiado: pequeñas flores crecían donde la arena de sueños había caído. Federico decidió estudiar veterinaria, Doña Remedios abrió una escuela de cocina, y Sal continuó con su puesto, pero ahora enseñaba a otros a encontrar sus propios dones. La arena todavía tenía memoria, pero ahora todos sabían que los sueños verdaderos se construyen, no se compran.