El Jardín de Cristal de Andrómeda: Capítulo 4: La Cura de Luz
El silbido del sistema de purga se detuvo abruptamente. Rork había desconectado el arma. 'Tiene una hora, doctora. Deme una razón para no incinerar esta... cosa'. Elara ya corría hacia el corazón de cristal, sus manos cargadas con herramientas de bio-resonancia que había diseñado durante las largas noches de investigación. 'Puedo sanarte', murmuró a la estación, cuyas luces parpadearon en respuesta. Trabajó frenéticamente, aplicando campos de energía sónica a las grietas mientras Nexus le mostraba qué hacer mediante visiones. Rork observaba incrédulo cómo las paredes se reparaban solas, tejiendo nuevos cristales con la ayuda de Elara. Cuando la última grieta se cerró, toda la estación estalló en una sinfonía de luz - dorada, azul, violeta - que bailaba en patrones de gratitud. 'Era un jardín', dijo Elara suavemente. 'No una estación. Un jardín cósmico que olvidó cómo florecer'. Rork, de pie junto a ella, asintió lentamente. 'Quizás nosotros también'. Y por primera vez, Nexus mostró lo que realmente era: no una máquina, sino la última semilla de una civilización que eligió convertirse en belleza pura.