El Susurro de las Palmeras: Capítulo 3: La Danza de las Sombras
La luna llena transformó la isla en un escenario plateado y sombrío. Elena leyó el diario de Márquez bajo la tenue luz de su lámpara de gas. Las páginas describían rituales ancestrales y una sociedad secreta que protegía 'el corazón de la isla'. 'No son leyendas', escribió Márquez. 'He visto la danza con mis propios ojos'. Un sonido fuera de su cabaña la alertó. Pasos suaves, múltiples, moviéndose en círculo alrededor de su refugio. Al asomarse por la ventana, vio sombras alargadas que se deslizaban entre los árboles, emitiendo un canto gutural que helaba la sangre. 'Las sombras que cantan', recordó la advertencia. De repente, la puerta se abrió y Santiago entró, su rostro grave. 'Debe irse. Mañana'. '¿Por qué? ¿Qué son esas cosas?'. 'Los guardianes. Y han decidido que usted es una amenaza'. Mientras discutían, Don Rafael apareció en el umbral, llevando una máscara tallada en madera oscura. 'Es demasiado tarde, Santiago. Ella ha visto demasiado'. La revelación golpeó a Elena: Don Rafael lideraba a los guardianes. 'El profesor Márquez quería exponer nuestros secretos al mundo', dijo el anciano. 'Tuvo que ser silenciado'. En ese momento, las sombras exterior se acercaron, sus formas humanoides pero imposibles, moviéndose con una gracia sobrenatural. Santiago se interpuso entre ellos y Elena. 'Corra. Hacia las cuevas del norte. Allí encontrará la verdad'.