El Eco de las Cumbres Perdidas: Capítulo 4: El Canto de la Montaña
En la cima del Pico del Águila, Leo encontró lo que buscaba: una plataforma circular idéntica a la cámara subterránea, pero abierta al cielo. La piedra triangular del centro resonaba con el viento, creando una melodía que parecia antigua como el tiempo mismo. 'Es un instrumento', comprendió Leo. La abuela Rosa apareció detrás de él, habiendo seguido el mismo llamado ancestral. 'Debes tocar la canción que tu corazón conoce', dijo. Leo cerró los ojos, recordando las melodías que su padre silbaba durante sus expediciones. Sus dedos encontraron los puntos exactos en la piedra y comenzó a tocar. La montaña respondió - los glifos en todas las ruinas brillaron en sincronía y el clima violento se calmó instantáneamente. Un conocimiento ancestral fluyó hacia Leo: estas eran estaciones de equilibrio, creadas para mantener la armonía entre la tierra y sus habitantes. Abajo, Sebastián observaba, transformado. 'Nunca entendí...', murmuró. Leo bajó de la montaña cambiado, no como conquistador, sino como guardián. El Valle Esmeralda estaba a salvo, y una nueva generación de protectores había nacido.