El Eco de los Muelles: Capítulo 4: El Silencio de la Bahía

La mañana siguiente amaneció con una calma extraña en Bahía Umbrosa. Sebastián había desaparecido, dejando solo su chaqueta en las rocas cerca de la cueva. Mateo e Isabel se sentaron en el muelle, observando cómo los pescadores preparaban sus redes como si nada hubiera ocurrido. '¿Crees que volverán?' preguntó Isabel, su voz suave como la brisa marina. Mateo observó el faro, que seguía girando obedientemente. 'No lo sé. Pero ahora entiendo que no eran una maldición, sino una oportunidad.' En las semanas siguientes, el pueblo comenzó a cambiar lentamente. Las familias afectadas por los fraudes de Sebastián recibieron compensaciones anónimas. Los pescadores compartían sus ganancias más equitativamente. Y por las noches, cuando Mateo hacía su ronda en el faro, ya no sentía miedo al mirar hacia los muelles. Solo una paz extraña, como si el pueblo finalmente hubiera exhalado un suspiro que llevaba décadas conteniendo. La niebla seguía llegando, pero ahora traía consigo un aroma a renovación en lugar de secretos.