La Última Función del Circo Sombrío: Capítulo 1: La Llegada del Éxtasis Nocturno
El camión destartalado del Circo Sombrío llegó al anochecer, sus ruedas crujiendo sobre el pavimento agrietado de Vallehondo. Sofía observaba desde su ventana mientras la caravana se desplegaba en el campo abandonado. Las luces parpadeantes de las atracciones se encendieron una por una, proyectando sombras danzantes que parecían tener vida propia. El aire se impregnó del olor dulzón de algodón de azúcar mezclado con algo más... algo metálico, como sangre seca.
Al día siguiente, Elías Montenegro se presentó en la plaza del pueblo. 'Señoras y señores,' anunció con una voz que resonaba como un susurro seductor, 'ofrecemos la función más extraordinaria que jamás hayan visto. Una experiencia que transformará su existencia.' Sofía notó cómo la gente del pueblo, normalmente escéptica, se dejaba llevar por el encanto del director.
Esa noche, el primer espectáculo comenzó. Los payasos no hacían reír—sus miradas vacías y movimientos espasmódicos generaban incomodidad. Momo el Mudo realizó acrobacias imposibles, contorsionándose como si no tuviera huesos. Cuando Sofía se acercó a la carpa principal, escuchó susurros que parecían venir de las paredes mismas: 'Quédate... quédate para siempre.'