Susurros en el Vacío: Capítulo 4: Órbita Sincronizada

Un mes después de la emergencia, la Quasar-7 brillaba como nueva. Los sistemas funcionaban perfectamente, las comunicaciones estaban restauradas, y Central había felicitado su trabajo excepcional. Pero algo más fundamental había sido reparado: sus corazones. Estaban en el observatorio, flotando suavemente en la microgravedad, mirando la danza de las dos estrellas del sistema binario. 'Nunca me disculpé', dijo Elena suavemente, sus dedos entrelazados con los de Kaelen. 'Por qué?' preguntó él, girando para mirarla. 'Por querer hacer todo sola. Por no ver que a veces necesitamos que otros lleven nuestra carga.' Kaelen sonrió, ese gesto que había aprendido a amar. 'Yo tampoco me disculpé por creer que merecía cargar con mi dolor en soledad.' Flotaron en silencio por un momento, el universo expandiéndose ante ellos en toda su magnificencia. '¿Sabes?', murmuró Kaelen, 'en la academia nos enseñaban que dos cuerpos en el espacio siempre se atraen, pero necesitan la velocidad correcta para entrar en órbita estable. Demasiado rápido y se escapan, demasiado lento y chocan.' Elena se acercó más, su frente tocando la suya. '¿Y nosotros?' 'Creo que encontramos nuestra velocidad.' El beso fue suave al principio, como el aterrizaje de una nave en un planeta desconocido. Luego se profundizó, lleno de toda la promesa y posibilidad que el universo podía contener. Cuando se separaron, sonriendo, supieron que no importaba adónde los llevaran sus próximas misiones. Habían encontrado su órbita perfecta, no alrededor de una estrella o planeta, sino alrededor del corazón del otro. Y en el vasto, implacable vacío del espacio, eso era todo el hogar que necesitarían jamás.