El Susurro de las Dunas: Capítulo 4: El Precio del Silencio
La explosión de energía que siguió al sacrificio de Khalid hizo colapsar la ciudad a su alrededor. Elena despertó entre los escombros, el Susurrador expulsado de su mente pero dejando cicatrices en su psique. La luz del amanecer filtraba a través del polvo que aún se asentaba. Khalid yacía cerca, su cuerpo consumido por el esfuerzo final de sellar la entidad. 'Lo siento', susurró Elena, sus lágrimas limpiando surcos en el polvo de su rostro. Tomó el amuleto beduino que Khalid siempre llevaba, sintiendo su peso como una promesa incumplida. Al salir cojeando de las ruinas, el desierto parecía diferente: más silencioso, más vacío. Pero en el borde de su conciencia, un eco persistía, un susurro residual que prometía que el Silencio solo esperaba. Años después, Elena dirigía una fundación que protegía sitios arqueológicos peligrosos, viviendo con el conocimiento de que algunas puertas nunca deberían abrirse. Cada noche, soñaba con dunas infinitas y sombras que danzaban, despertando con la certeza de que, en algún lugar del vasto desierto, algo antiguo volvería a despertar.