El Eco de los Latidos Perdidos: Capítulo 2: Acordes y Planos

Una semana después, Julian encontró a Elara tocando frente al Flatiron Building. Esta vez interpretaba 'Por una Cabeza', los pies de los transeúntes siguiendo inconscientemente el ritmo del tango. Él esperó a que terminara, sosteniendo dos tazas de café.

'Para compensar mi grosería del otro día', dijo extendiendo una taza. 'Americano, sin azúcar'.

Elara aceptó con cautela. '¿Siempre andas repartiendo café a extraños?'

'Solo a aquellos que tocan como si su vida dependiera de ello'. Julian tomó un sorbo. 'Tocas con urgencia, como si cada nota pudiera ser la última'.

Ella miró su taza. 'Quizás lo sea'.

Caminaron hacia Madison Square Park, el sol de la tarde pintando los rascacielos de naranja y oro. Julian habló de proporción áurea en arquitectura, Elara de escalas musicales. Descubrieron patrones compartidos en sus artes.

'Mi estudio está cerca', mencionó Julian casualmente. 'Tiene buena acústica, si alguna vez necesitas practicar sin mojarte'.

Elara sintió una alarma interna. 'No busco caridad'.

'Tampoco yo ofrezco ninguna', respondió él. 'Solo reconozco el talento cuando lo veo. Y el tuyo merece mejor escenario que las calles mojadas'.

Al llegar al estudio en el piso 14, Elara contuvo el aliento. La vista panorámica de Manhattan al atardecer era abrumadora. Planos y maquetas cubrían cada superficie, pero en un rincón descansaba un piano de cola polvoriento.

'¿Tocas?', preguntó ella.

Julian pasó los dedos por las teclas sin hacer sonido. 'No desde el accidente'. Su voz se quebró ligeramente. 'Mi hermana era la pianista de la familia'.

El silencio que siguió fue más elocuente que cualquier música.