Las Lágrimas del Castillo de Cristal: Capítulo 4: Ecos del Corazón

En la última página del diario, Isabella encontró un mapa dibujado con tinta desvanecida que señalaba un lugar en los jardines abandonados. Siguiendo las indicaciones, desenterró una caja de metal que contenía dos anillos sencillos de plata y un pergamino final: 'Aunque nuestro amor no pudo florecer en esta vida, juramos encontrarnos en la próxima. Que estas alianzas sean testigo de nuestra promesa eterna.' Isabella colocó los anillos sobre una piedra plana, justo cuando el sol alcanzaba su cenit. Una brisa cálida acarició su rostro, llevando el perfume de lavanda que recordaba de las cartas. En ese momento comprendió que algunos amores son tan poderosos que trascienden el tiempo mismo. Decidió donar las cartas a un museo, asegurándose de que la historia de Alistair y Eleanor nunca fuera olvidada.