El Eco de las Piedras Malditas: Capítulo 3: El Latido de la Fortaleza
Isolda encontró a Víctor al amanecer, temblando en un rincón de su habitación. 'Ahora entiende', dijo con resignación. 'Mi familia lleva siglos custodiando este lugar. No somos dueños del castillo, somos sus guardianes'. Le llevó a las catacumbas, donde las paredes palpitaban con un ritmo constante. 'Cada muerte alimenta su memoria. Cada asesinato, cada traición, cada accidente... queda grabado aquí'. Víctor tocó una pared y una visión lo golpeó: un caballero medieval siendo apuñalado por la espalda, su dolor tan real que Víctor gritó. 'Debo irme', jadeó. 'Nadie abandona Piedrasangre una vez que ha escuchado su latido', respondió Isolda. Esa noche, el castillo mostró su verdadero poder. Las gárgolas descendieron de sus pedestales, arrastrándose por los muros como insectos de piedra. Los tapices cobraron vida, sus figuras moviéndose y señalando a Víctor. En la gran sala, las sombras se solidificaron formando una corte espectral de todos los que habían muerto allí. 'Eres el elegido para continuar la custodia', dijo la voz del castillo, emergiendo de todas partes a la vez. 'O te unes a nuestra memoria... como otra víctima'.