El Eco de las Piedras Malditas: Capítulo 1: La Llamada de la Piedra

La lluvia azotaba el parabrisas del viejo Land Rover mientras Víctor ascendía por el camino serpenteante. Las montañas se alzaban como dientes grises contra el cielo plomizo. 'Restaurar un castillo del siglo XII en los Cárpatos', pensó, 'oportunidad del siglo, aunque el nombre sea un tanto melodramático: Piedrasangre'. La baronesa Isolda le había contratado por correo, con un adelanto generoso que pagaría todas sus deudas. Al doblar la curva final, el castillo apareció: torres afiladas que desgarraban las nubes, muros de piedra negra con vetas rojizas que parecían venas abiertas. Las gárgolas en las almenas tenían expresiones de agonía congelada. Al cruzar el puente levadizo, notó que las piedras bajo sus pies emitían un leve calor, como si el castillo estuviera vivo. Isolda le esperaba en el gran hall, envuelta en sombras y silencio. 'Señor Valdez', dijo con voz que parecía venir de otro siglo, 'le advierto que este lugar tiene... memoria. Las piedras recuerdan'. Víctor sonrió incómodo. 'Soy restaurador, baronesa, no creo en fantasmas'. 'No son fantasmas', respondió ella, 'son ecos. Y algunos ecos no quieren ser silenciados'.