Secretos en el Bazar: Capítulo 3: Verdades ocultas
En un rincón menos frecuentado del Gran Bazar, Selin y Emre se acercaron al puesto del sospechoso comerciante. Los estantes estaban abarrotados de metales y gemas que reflejaban la luz de manera dudosa, una clara señal de su calidad inferior. El hombre tras el mostrador, un joven con una barba descuidada y ojos astutos, les observó acercarse con una mezcla de curiosidad y cautela.
—Buenas tardes, estamos interesados en tus materiales —comenzó Emre con una voz calmada y amigable.
El comerciante sonrió, un gesto que no alcanzaba sus ojos. —Por supuesto, tengo los mejores precios del bazar. ¿Qué les interesa?
Selin, sin perder tiempo, sacó una de las joyas falsificadas y la colocó sobre el mostrador. —Nos interesa saber si reconoces este tipo de material.
El rostro del comerciante se tensó por un instante, un destello de reconocimiento que no pasó desapercibido para Emre. Sin embargo, se recuperó rápidamente y respondió con fingida ignorancia. —Parece algo común, quizás uno de mis productos, pero vendemos mucho aquí. ¿Por qué preguntan?
—Hemos tenido algunos problemas con falsificaciones y este material parece ser el origen —explicó Selin, observando cuidadosamente la reacción del hombre.
El comerciante frunció el ceño, luego se encogió de hombros. —Entiendo, pero como les dije, vendo a muchos clientes. No puedo saber qué hacen con el material después.
Emre, jugando su papel de comprador interesado, se inclinó sobre el mostrador, bajando la voz. —Quizás podrías ayudarnos a entender quién más ha comprado este material. Sería beneficioso para todos evitar futuros problemas.
El hombre parecía vacilar, mirando de Emre a Selin. Finalmente, suspiró. —Está bien, puedo mostrarles los registros de los últimos meses. No quiero problemas con nadie.
Mientras el comerciante buscaba en sus archivos, Emre le susurró a Selin, —Está nervioso, definitivamente está ocultando algo.
Selin asintió, sintiendo una mezcla de anticipación y nerviosismo mientras esperaban. El comerciante regresó con una pequeña libreta, sus páginas desgastadas por el uso. Con dedos temblorosos, señaló varias entradas.
—Estos son los compradores recientes del material que mostraron.
Selin tomó la libreta, examinando los nombres. La mayoría no le decían nada, hasta que uno saltó a la vista, provocando que su corazón se acelerara. Era el nombre de un antiguo empleado que había dejado la tienda de su familia en malos términos.
—¿Este hombre viene a menudo? —preguntó Selin, su voz apenas un susurro.
—Sí, ha sido un buen cliente... últimamente compra mucho —respondió el comerciante, claramente incómodo.
Selin cerró la libreta, sus pensamientos girando. —Gracias por tu ayuda —dijo, su mente ya corriendo hacia las implicaciones de este descubrimiento.
Mientras salían del puesto, Emre colocó una mano en el hombro de Selin. —¿Estás bien? Pareces preocupada.
—Ese nombre... es alguien que podría tener razones para dañarnos —confesó Selin, la preocupación teñida de ira. —Necesito confrontarlo.
Emre asintió con comprensión. —Lo haremos juntos. Vamos a llegar al fondo de esto y proteger tu legado.
Con un nuevo objetivo en mente, Selin y Emre dejaron atrás el puesto del comerciante, cada paso los acercaba más a la confrontación que resolvería el misterio de las falsificaciones y revelaría las verdaderas intenciones detrás del sabotaje.